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Movimiento Cívico d'Espanya i Catalans     

"UN PAIS NUEVO Y JUSTO", PARA CRÉDULOS (autor: Clemente Polo)

Salgo de mi querida Cataluña durante unos días y dejo ya sus ciudades y pueblos engalanados con banderas cuatro barradas con una estrella blanca –todo un síntoma de la extrema soledad de sus patrocinadores– y abundantes pancartas en calles y plazas, colocadas con el beneplácito de los Ayuntamientos que forman parte de la Associació de Municipis per la Independència (AMI) cuando no directamente por los propios empleados y grúas municipales. Estamos ante la última campaña de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) en su vano intento de convencer a los catalanes que votando al dúo Mas-Junqueras en las elecciones autonómicas del 27 de septiembre (27-S) lloverán euros del cielo. Palabra de Forcadell y Casals, las pitonisas de la mascarada.

Algunas personas bien informadas me han asegurado que el gobierno de la Generalitat ha contratado varias avionetas –los autobuses son para el 11 de septiembre– para arrojar billetes desde el aire en cuanto llegue la independencia. Al parecer, el intrépido Homs (conseller sense cap) del gobierno catalán, Rull, Turull y De Gisbert se han presentado voluntarios para formar parte de la escuadrilla que llevará a término la arriesgada misión. Al parecer, los tres primeros están realizando un curso intensivo en el Aeroclub Sabadell para pilotar las aeronaves que distribuirán el maná de la independencia a partir del 28 de septiembre, y De Gisbert está enfrascada haciendo un curso de radiotelefonista. He podido constatar en persona que los ciudadanos más cándidos miran con ansiedad al cielo de vez en cuando por si la cosa se adelantara. De momento, nada de nada: Zeus solo deja caer como cada año rayos inclementes y alguna que otra tormenta y pedregada.

Un país nuevo más justo

Dejando al margen ya la chanza, está claro que el propósito de esta última campaña de la ANC es proyectar un falso espejismo para convencer a los catalanes de que la independencia producirá, por arte de birlibirloque, “un país nuevo y justo”. ¿Cómo se obrará semejante milagro? Los adalides de la independencia ni se molestan en explicarlo porque saben muy bien que los mitos, como la magia, pierden eficacia cuando se desvelan los trucos. Como no formo parte de la troupe de crédulos, me permito formular unas cuantas preguntas a los embaucadores que nos dicen que la tierra prometida está al alcance de la mano. ¿Qué clase de “nuevo” país puede ser está República de Cataluña si al frente del gobierno estarán las mismas personas (Mas-Junqueras) y los mismos partidos (CDC-ERC) que la han mal gobernado durante los últimos años? ¿Qué clase de justicia cabe esperar de su futuro presidente (Mas) y su partido (CDC), cuyas sedes están embargadas por haberse financiado ilegalmente y cuyo fundador y líder histórico (Jordi Pujol i Soley) y su secretario general hasta hace unos meses (Jordi Pujol i Ferrusola) están acusados de evadir dinero al fisco y cobrar comisiones, respectivamente? ¿Cómo se puede pretender construir “un país nuevo más justo” con estos mimbres tan oxidados?

Cuando se les pregunta a las apóstoles de la independencia qué ocurrirá el día después, se limitan a responder vaguedades tales como que se mantendrán vigentes las leyes españolas hasta que sean sustituidas por leyes propias, o que los catalanes que lo deseen podrán mantener la doble nacionalidad y seguirán siendo ciudadanos de la UE. En otras palabras, las leyes españolas seguirán vigentes en la “nueva” y “justa” República de Cataluña hasta que Mas y Junqueras se pongan de acuerdo para sustituirlas por otras propias, y los catalanes que quieran continuar siendo ciudadanos de la UE tendrán que mantener su nacionalidad española. ¿Ésta es la Holanda del Sur de Europa prometida? Desconocía que en Holanda del Norte estén vigentes las leyes de España y sus ciudadanos tengan nacionalidad española.

Falacias engañosas

El asunto es más grave de lo que parece porque las respuestas que dan no son sólo vagas sino además engañosas y falaces. Cuando Mas-Junqueras afirman que los catalanes de su “nueva” y “justa” República de papel podrán mantener la doble nacionalidad, nos ocultan que no podremos obtener el pasaporte español en Santa Coloma de Gramenet o Camprodón, como tampoco podemos obtenerlos ahora en Tánger o Chernobil, y que los pasaportes expedidos por el gobierno catalán serán pasaportes de la República de Cataluña, un estado que no formará parte de la UE ni nadie sabe cuándo podrá ingresar en ella. ¿Cómo podré pues disfrutar de la doble nacionalidad si ahora no tengo pasaporte español o me expira en los próximos meses? Contra lo que se nos dice para suavizar las consecuencias de la independencia, los catalanes una vez instaurada la República de Cataluña ni podremos mantener la doble nacionalidad ni seremos por tanto, ciudadanos de la UE. Ésta es la cruda realidad.

Igualmente engañosos y falaces son los desesperados intentos de encubrir las consecuencias económicas de la independencia. Mas-Junqueras nos ocultan que las empresas y entidades financieras cuya sede social está ahora en Cataluña tendrán que desdoblarse y establecer sedes en España, y que será en España donde pagarán sus impuestos por las actividades desarrolladas en territorio español. Como también nos ocultan que las exportaciones de las empresas catalanas a España y al resto de la UE, además de estar exentas de IVA, estarán sujetas a engorrosos trámites administrativos y al arancel de la UE; o que las entidades financieras con sede social en Cataluña no tendrán acceso al Banco Central Europeo ni estarán sujetas a su supervisión ni los depósitos estarán garantizados como ahora. La República de Cataluña estará en la misma situación que cualquier estado que no pertenece ni a la UE ni a la Eurozona. Ésta es la cruda realidad.

Son ya muchos los años que llevamos escuchando al dúo de embaucadores Mas-Junqueras repetir una y otra vez que si los catalanes fuéramos independientes seguiríamos siendo ciudadanos de la UE y podríamos vivir mejor con los recursos que se marchan a Madrid en el AVE todos los días. Nada más lejos de la realidad. La puesta en marcha de la República de Cataluña, además de significar la salida de Cataluña de la UE y la Eurozona, nos adentrará en un período de inestabilidad política e inseguridad jurídica que tendrá consecuencias muy negativas y probablemente irreversibles sobre la estructura y localización de las empresas y las entidades financieras cuya sedes sociales y centros operativos están ahora en Cataluña. Tampoco habrá más dinero para hacer más llevadera la vida de los catalanes más necesitados porque la caída de la actividad y el empleo reducirán la recaudación del gobierno catalán que, además, tendrá que asumir los servicios que ahora presta la Administración Central. Se mire como se mire, no salen las cuentas: la nueva República de Mas-Junqueras ni será “nueva” ni “justa” sino vieja y más pobre.
 

Clemente Polo Andrés
Responsable del Área de análisis político y económico de "Espanya i Catalans"
(artículo publicado en Expansión el 13 de agosto de 2015)