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Movimiento Cívico d'Espanya i Catalans     

MAS, REHÉN DE LA CUP (autor: Clemente Polo)

Algunos medios de comunicación daban cuenta de lo ocurrido el pasado 27 de octubre durante la última reunión del gobierno en funciones de la Generalitat de Catalunya. A medida que los consejeros iban llegando a la sala Tàpies del Palau de la Generalitat, comentaban con estupor el discurso de Carme Forcadell en el Parlament el día anterior, cuando culminó su primera intervención como presidenta con un “¡Viva la república catalana!”. Mientras los consejeros charlaban, el grupo parlamentario Junts pel Sí” y la CUP presentaban una resolución en el Parlament en la que “se declara solemnemente el inicio de la creación de un estado catalán independiente en forma de república”, se establece un plazo de treinta días para iniciar la “tramitación de las leyes del proceso constituyente, seguridad social y hacienda pública”, y se insta “al futuro gobierno a cumplir exclusivamente las normas emanadas de esta cámara”. Los consejeros desconocían el contenido de la resolución del que tuvieron conocimiento a través de sus teléfonos móviles en pleno Consell Executiu.

Cuando llevaban dos horas de reunión un consejero puso el tema sobre la mesa, pidió que se hicieran copias y todos se pusieron a leerla. Mas-Colell, consejero de Economía, rompió el silencio y en tono airado soltó un ‘pero ¿esto qué es?’. Mas-Colell expresó sin ambages que el texto pactado por Junts pel Sí y la CUP le parecía una barbaridad, porque supone saltarse las leyes sin ningún miramiento y eso no es de recibo. La indignación del conseller de Economia abrió una intensa discusión que al parecer cerró Mas recordando a sus consejeros “que la aproximación a la CUP es la única forma de poder formar gobierno”. El president pintó un cuadro caótico, desolador, si no se lograba ese objetivo, porque el país tendría que soportar en total medio año de interinidad. Mas zanjó el debate preguntando a los consejeros díscolos: ‘entonces, ¿qué me estáis pidiendo?, ¿que haya elecciones?”.

Varias cosas llaman la atención de este relato. La primera y más obvia es la deslealtad de Mas. Estamos ante un político que no sólo está siendo desleal con el gobierno español y las instituciones centrales del Estado (ICE), que él representa en Cataluña, sino incluso con sus propios consejeros y colaboradores más cercanos. Si estupor les había causado a algunos consejeros el discurso de Forcadell en el Parlament la tarde anterior, ¿qué pensarían al enterarse a través de sus móviles del contenido de la resolución que la plataforma “Junts pel Sí” y la CUP acababan de registrar en el Parlament, instando al gobierno catalán a iniciar “el proceso de creación del estado catalán independiente en forma de república”? Los consejeros que se atrevieron a mostrar su indignación ante Mas ya saben en cuán alta estima tiene éste sus opiniones y quién manda realmente en Cataluña. Ni siquiera los miembros del gobierno catalán pueden confiar ya en un político que, no contento con fracturar la sociedad catalana y romper la coalición (CiU) que sustentaba su gobierno, les ha engañado pactando a sus espaldas los términos del golpe civil de Estado que está a punto de consumarse el 9 de noviembre en el Parlament de Cataluña.

El segundo aspecto sobre el que quiero llamar la atención es sobre las disensiones existentes dentro del gobierno de Mas que –pronostico– irán agudizándose a medida que el Parlament y el gobierno de Cataluña vayan dando pasos hacia la creación de la ‘República’ catalana al margen de cualquier legalidad española y europea. Aunque los consejeros arroparon a Mas cuando compareció acompañado por los líderes de la plataforma “Junts pel Sí”, la CUP, la ANC y la AMI, ante el TSJC el 15 de octubre –aniversario del fusilamiento de Companys, otro president desleal–, y ninguno de ellos ha tenido agallas suficientes para dimitir ante la sucesión de ‘barbaridades’ que han ocurrido desde la  constitución del Parlament, me atrevo a afirmar que no todos avalarán hasta el final el programa de ruptura unilateral de la legalidad que patrocinan Forcadell, la CUP, la ANC y la AMI, aunque sólo sea porque sus consecuencias son fácilmente previsibles en un Estado de derecho.

En tercer lugar, los consejeros que están preocupados al ver a Mas y al gobierno de Cataluña en manos de la CUP tienen una doble oportunidad para poner fin a las ‘barbaridades’ con que se desayunan cada día. En la sesión ordinaria que se celebrará en el Parlament el lunes 9 a las 10:00 de la mañana, aquellos consejeros a quienes tanto inquietó la precitada propuesta de resolución, tendrán la oportunidad de rechazarla, junto con las enmiendas que presentaron sus promotores el 6 noviembre –seguramente también sin conocimiento de los consejeros del gobierno catalán– para asegurarse de que el nuevo gobierno catalán cumplirá “exclusivamente aquellas normas y mandatos emanados de esta cámara” y “blindará derechos fundamentales que puedan estar afectados por decisiones de las instituciones del Estado español”. ¿Votarán los consejeros discrepantes a favor o en contra de los planes golpistas de Forcadell, la CUP y la ANC? Si votan a favor serán cómplices del golpe de Estado que se está fraguando desde el gobierno y el Parlament de Cataluña, así como de sus consecuencias políticas. Me temo, sin embargo, que lo harán.

 Los consejeros dispondrán de una segunda oportunidad para mostrar su oposición a las políticas rupturistas de Mas en la sesión de investidura que se celebrará el mismo lunes 9 a las 17:00 horas: pueden votar en contra de su investidura para obligarle a convocar elecciones anticipadas. Me temo que tampoco lo harán. Resulta mucho más sencillo marcharse sin estridencias. Como ningún consejero debe estar muy entusiasmado ante la perspectiva de tener que conculcar algunas leyes a sabiendas o arrogarse funciones que no le corresponden, vaticino que los consejeros díscolos dejaran el barco en cuanto cobren la paga extra de Navidad para evitar ser imputados por la Fiscalía y verse obligados a responder ante los tribunales.

A estas alturas del esperpento, muchos son los políticos (incluso convergentes), empresarios y financieros catalanes que están preocupados por lo que pueda hacer Mas en su desesperado intento por ganarse a la CUP para formar gobierno en Cataluña.

Aunque consiguiera finalmente ser investido antes del 26 de diciembre, su gobierno tendría que iniciar el proceso de creación de un estado independiente en forma de república y tramitar las leyes del proceso constituyente, iniciativas a las que el gobierno español y las ICE responderían querellándose e inhabilitando a quienes estén al frente del gobierno y del Parlament de Cataluña, y hasta quizá suspendiendo temporalmente el Estatut de Autonomía. Mas se ha convertido ya en el principal obstáculo para encontrar una salida razonable al conflicto político y social que él mismo y sus consejeros han alimentado con grave irresponsabilidad desde el gobierno de la Generalitat durante los tres últimos años, un proceso que hace ya bastantes meses se les ha escapado de las manos.

Clemente Polo Andrés
Responsable del Área de análisis político y económico de "Espanya i Catalans"
(artículo publicado en Expansión el 8 de noviembre de 2015)