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Movimiento Cívico d'Espanya i Catalans     

MAS CEDE A LA CUP Y ASTILLA CDC (autor: Clemente Polo)

La votación en la segunda sesión de investidura en el Parlament de Cataluña el 12 de noviembre acabó con una nueva exhibición de gestos y palmaditas en el hombro sin que ninguno de los actores principales, Mas, Junqueras y los diez diputados de la CUP, decidieran tensar las cuerdas hasta romperlas. Baños, Gabriel y demás diputados de la CUP no podían ni en sueños imaginarse hace unas semanas que verían al presidente en funciones de la Generalitat dispuesto a asumir su programa de ruptura para obtener su apoyo.

La resolución aprobada el 9 de noviembre, que insta al ‘nuevo’ gobierno a dar pasos para crear “un estado catalán independiente en forma de república”, fue el primer paso; y las propuestas que presentó el 12 de noviembre para crear tres vicepresidencias y someterse a una cuestión de confianza a los seis meses de la investidura, completó la faena. No fueron suficientes, sin embargo, estas concesiones para cambiar la posición de los diez diputados de la CUP que aguantaron perfectamente el canto del tiburón, disfrazado de sirena, sabedores de que todo el poder que ahora tienen en sus manos se desvanecerá en cuanto hagan a Mas presidente.

División en CDC

El asunto ha tenido consecuencias dentro de CDC que cada día aparece más dividida y desfigurada, a pesar de que nadie se atreva a cuestionar abiertamente las polémicas decisiones de Mas. Como la discusión que se produjo en la reunión del gobierno catalán el pasado 27 de octubre puso de manifiesto, hay varios de consejeros que ni comparten el programa de desacato de la legalidad vigente que la CUP, ERC y la ANC han impuesto a Mas ni tienen intención de contravenir la prohibición del Tribunal Constitucional (TC) de seguir adelante con un plan que acabaría, en el mejor de los casos, con su inhabilitación para ejercer la función pública.

Buena prueba de ello es el escaso entusiasmo que suscitó la interminable hora y media que dedicó el 9 de noviembre el candidato a exponer un programa de gobierno en el que nadie cree –no arrancó ni una sola ovación de su bancada en esta cita ‘histórica’–, ni cuando expuso sus patéticas ocurrencias para convencer a la CUP el 12 de noviembre. Los consejeros que calificaron de ‘barbaridad’ la resolución de ruptura de la legalidad, pero no se atrevieron a abstenerse o votar en contra el 9 de noviembre, se sintieron seguramente aliviados al ver que el barco sigue encallado, y a ellos, marineros en funciones, nadie puede ordenarles que arranquen y enfilen la nave hacia la república catalana. Todo indica que estos consejeros han perdido ya la fe en que el proceso de deterioro político de CDC pueda reconducirse y aguardan pacientes a cobrar la paga extra de Navidad para saltar a tierra antes de que la vía de agua los engulla con el barco.

En los cinco años que lleva al frente del gobierno catalán, Mas ha conseguido fracturar en dos a la sociedad catalana –el último barómetro del CEO lo confirma–, romper la coalición CiU después de 37 años, y está ahora a punto de quebrar lo que queda de CDC tras asumir en 2014 el programa ‘soberanista de ERC y la ANC’ y ahora el programa de ruptura de la legalidad vigente que le impusieron la CUP y ERC el 9 de noviembre.

No me sorprende nada que Mas acudiera el 15 de octubre, antes de declarar ante el TSJC por los cuatro delitos que se le imputan como responsable de organizar la consulta del 9-N, a encomendarse a Companys, otro catalán que dejó su siniestra impronta en la vida política y social de Cataluña en el primer tercio del siglo XX. Mas, como Companys, es también hombre de convicciones erráticas, ambición desmesurada y deslealtad probada, y su acercamiento final al independentismo anarquizante de la CUP resulta coherente con la trayectoria política de Companys.

El ‘programa’ de la CUP

He entrecomillado la palabra expresamente porque la CUP no tiene programa al uso. Según su propia caracterización, se trata de “una organización política ‘asamblearia’ de ámbito nacional que se extiende en el mundo de los ‘Països Catalans’ y que trabaja por un país independiente, socialista, ecológicamente sostenible, territorialmente equilibrado y desligado de les formas de dominación patriarcales”. Cuenta con setenta asambleas locales en municipios desde las que pretenden forjar “un proyecto de país” y se define como una organización que “es y seguirá siendo uno de los actores más comprometidos en las iniciativas populares que preparan la ruptura con los estados español y francès”. Su lema de campaña electoral “Governem-nos” alude al viejo ideal anarquista de someter los centros de producción y las instituciones políticas al control directo de las ‘clases populares’.

Aunque algunos dirigentes de la CUP son hijos o nietos de inmigrantes llegados de otras partes de España, llama poderosamente la atención el desapego y hasta desprecio que muestran hacia sus primos hermanos residentes en Cataluña y otras CC. AA. La diputada Gabriel –docente (sin cargo) en el departamento de Historia del Derecho y las Instituciones de la UAB donde imparte junto con trece docentes más la asignatura “Instrumentos para el estudio 2015-2016”– se dirigió en su primera intervención en el Parlament “al resto de pueblos del Estado español para que vean en nosotros la fraternidad expresada en forma de coraje” y les dijo que su “internacionalismo reclama soberanía para poder desplegarse en su plenitud”. Especialmente agresiva se mostró en su réplica al diputado García Albiol, presidente del PP, al que le reprochó “su reconocimiento a los hombres y mujeres que vinieron aquí a trabajar catorce horas para levantar este país; lo sabemos bien –le dijo– porque somos sus hijos y sus nietas, y no hable en su nombre”.

¡Extraño internacionalismo y curiosa manera de entender la fraternidad entre los pueblos la de esta pseudo izquierda de camiseta y sandalias consistente en levantar fronteras para separar a las ‘clases populares’ de una de las regiones más ricas de España con la excusa de desplegarse en su plenitud! Que nadie se engañe: por mucho que hablen de justicia social, los dirigentes de la CUP son hijos putativos de Pujol que han asumido, como buena parte de la pseudo izquierda catalana, la ideología totalitaria nacional-separatista y han renunciado a la dimensión internacionalista que caracterizó, al menos en teoría, al republicanismo y al socialismo desde el siglo XIX. Sólo así se explica que estos libertarios de boquilla apoyen la ‘escola catalana’, un vestigio totalitario del franquismo, y dediquen todas sus energías a erigir barreras económicas entre las ‘clases populares’ dentro incluso de España.

Conclusión

La pregunta no es qué van a hacer las élites empresariales que han respaldado a CiU en el pasado sino si las clases medias catalanas van a seguir apoyando a Mas y a los líderes de CDC dispuestos a compartir con la CUP esa combinación explosiva que incluye, además de la ruptura con los estados español y francés y la UE, la anexión territorial que patrocinan tanto la CUP como ERC, y esa suerte de populismo incompatible con la seguridad jurídica, el normal funcionamiento de las instituciones representativas, la eficiencia productiva y el internacionalismo europeo. Ningún catalán responsable debería seguir a Mas y a quienes le sigan en CDC, matamorfoseada ahora en Democràcia y Llibertad, prestos a todo con tal de escapar a la justicia.

Clemente Polo Andrés
Responsable del Área de análisis político y económico de "Espanya i Catalans"
(artículo publicado en Expansión el 25 de noviembre de 2015)