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Movimiento Cívico d'Espanya i Catalans     

PUIGDEMONT Y JUNQUERAS CONTRA LAS CUERDAS (autor: Clemente Polo)

Artículo publicado en el diario Expansión el 9 de junio de 2016

Los diputados de la CUP en el Parlament de Cataluña.

Los diputados de la CUP en el Parlament de Cataluña.

La negativa por un estrecho margen del Consejo Político (29 votos a favor del veto contra 26 en contra y 3 abstenciones) a retirar la enmienda a la totalidad que presentó la CUP a los presupuestos de la Generalitat de 2016 sitúa al gobierno catalán en un callejón sin salida cuyo recorrido se inició allá por 2012, cuando el president Mas, el hombre que veía “anticuado y algo oxidado” el concepto de independencia, descubrió el 11 de septiembre su enorme poder alucinógeno, y decidió poner su nave rumbo a Itaca. Lo conseguido por Mas y CDC en menos de cuatro años constituye todo un record de mal gobierno que resultará difícil igualar a cualquier gobernante europeo: gracias a su continuado mal hacer, la sociedad catalana está hoy abierta en canal y su gobierno se agita cual escarabajo panza arriba, incapaz de aprobar (aunque con notable retraso) los presupuestos que iban a dejar Cataluña a las puertas de la independencia.

Mas arropado por los jóvenes cachorrro de CDC.

Mas arropado por los jóvenes cachorrros de CDC.

Mas con Forcadell, entonces presidenta de la ANC, examinando las nuevas piezas de mercadotecnia independentista en el Palau del gobierno de la Generalitat.

Mas con Forcadell, entonces todavía presidenta de la ANC, examinando las nuevas piezas de mercadotecnia independentista en el Palau del gobierno de la Generalitat.

Mas y Jonqueras firman el acuerdo para declarar la independendencia.

Mas y Jonqueras firman el acuerdo para emprender la transición nacional y declarar la independendencia tras las elecciones de 2012.

El gobierno de los ‘mejores’ que inicialmente nombró Mas en 2010 pronto abandonó cualquier pretensión de afrontar la recesión económica y los problemas heredados (excesivo gasto y elevado déficit) del gobierno tripartito de Montilla y prefirió refugiarse en la ensoñación de que la independencia permitiría eliminar el déficit fiscal de Cataluña, y así resolver, como en los cuentos de hadas, todas las dificultades sin necesidad de adoptar decisiones impopulares (subir impuestos o reducir gastos). Aunque Homs, candidato de CDC al Congreso, afirmaba en el Círculo Ecuestre hace un par de días que “lo que pasa ahora en Cataluña es bueno”, lo cierto es que el legado político que deja CDC no puede ser más nefasto, incluso para la propia CDC que ha perdido apoyo electoral y escaños en los últimos años a una velocidad vertiginosa, y se ha visto incluso obligada a sustituir a Mas por Puigdemont al frente de la presidencia del gobierno catalán, al no obtener aquél los apoyos necesarios tras una investidura fallida. En lo económico, el balance resulta igualmente desolador: presupuestos prorrogados, cuentas que no cuadran y objetivos de déficit incumplidos, impagos reiterados a los proveedores, imposibilidad de refinanciar una deuda calificada como bono basura, ventas de activos públicos, etc.

Homs, Turull y Pujol arropando a Daniel Osàcar, secretario personal de Mas (2000-2005) y tesorero de CDC (2005-2011) en el Parlament, imputado por presuntamente cobrar comisiones a empresarios que se destinaban a financiar CDC y sus fundaciones.

Homs, Turull y Pujol arropando a Daniel Osàcar, secretario personal de Mas (2000-2005) y tesorero de CDC (2005-2011) en el Parlament, imputado por presuntamente cobrar comisiones a empresarios que se destinaban a financiar CDC y sus fundaciones.

Mas estrechando la mano de Junqueras tras acordar las elecciones del 27 de septiembre.

Mas estrechando la mano de Junqueras tras acordar las elecciones del 27 de septiembre.

La sociedad catalana, como evidenciaron los resultados electorales el pasado 27 de septiembre, está hoy partida en dos mitades casi iguales. Y algo parecido ha ocurrido o está a punto de ocurrir en varios partidos ‘catalanes’. CiU, la coalición que tantos éxitos electorales proporcionó a Jordi Pujol y a CDC en las últimas décadas, pasó definitivamente a la historia en 2015, y la ruptura que causó su empecinamiento en seguir la hoja de ruta hacia la independencia, fue seguramente irreparable. El PSC, un partido que representaba junto con CiU el catalanismo político moderado y sustentaba asimismo la gobernabilidad de España, se vio arrastrado por las procelosas aguas del ‘derecho a decidir’, y ha quedado también diezmado por luchas intestinas.  La CUP, un partido antisistema que pretende establecer un estado pancatalanista, aglutinando varios departamentos franceses y Comunidades Autónomas españolas, dio un gran salto adelante gracias al protagonismo que le otorgó la propia CiU a sus tres diputados en la anterior legislatura. Aunque como todo lo que está bajo el influjo de CDC acaba diezmado, quizá este protagonismo excesivo de los antisistema tenga corta vida si, como apuntan las ajustadas votaciones de su Consejo, la CUP acaba también escindiéndose.

Maragall y Mas aplaudiendo tras aprobarse la Propuesta de Reforma del Estatut

Maragall (PSC) y Mas (CDC) aplaudiendo tras aprobarse la Propuesta de Reforma del Estatut el 30 de septiembre de 2005.

Fraternal abrazo de Fernández (CUP) y Mas (CDC) tras la consulta del 9-N.

Fraternal abrazo de Fernández (CUP) y Mas (CDC), presidente de la Generalitat, tras la consulta del 9-N de 2014.

Mas con Junqueras y de Gispert tras la firma de la convocatoria de la consulta del 9 de noviembre.

Mas con Junqueras y de Gispert tras la firma de la convocatoria de la consulta del 9 de noviembre de 2014.

El gran beneficiado de la estrategia de confrontación con el Estado que impulsaron Mas y CDC, ha sido su gran rival. ERC, un partido que se encontraba en horas bajas en 2010 pero que a diferencia de CDC encarnaba el anhelo independentista sin imposturas, está hoy muy por delante en todas las encuestas, y si algo está claro es que el próximo presidente, si se convocan nuevas elecciones anticipadas, será Junqueras, no Puigdemont ni Mas. El rechazo de los presupuestos de la Generalitat no va a tener, de momento, consecuencias antes del día 26 de junio, más allá de la obligada campaña que Puigdemont y el gobierno de la Generalitat pondrán en marcha contra un sector de la CUP, al que acusarán de impedir que el Parlament apruebe los presupuestos que permitirían financiar las estructuras de estado con las que Cataluña tiene que contar antes de declarar la independencia.

Mas-Colell anunciando que se aumenta la partida de gasto para potenciar la Agencia Tributaria catalana el 17 de febrero de 2015.

Mas-Colell, consejero de Economía, y Homs, consejero portavoz, anunciando que se aumenta la partida de gasto para potenciar la Agencia Tributaria Catalana el 17 de febrero de 2015.

Mas con la sonrisa algo forzada da una palmadita a Puigdemont tras sustituir a Mas al frente del gobierno catalán.

Mas con la sonrisa algo forzada da una palmadita a Puigdemont tras sustituir a Mas al frente del gobierno catalán.

De momento,  Puigdemont y Junqueras se agarrarán a la esperanza de que Iglesias gane las elecciones el 26-J y un hipotético gobierno de España con Domenech como ministro de ‘plurinacionalidad’ apoye celebrar un referéndum para que los catalanes decidan si quieren independizarse de España. Se trata de una esperanza vana porque las elecciones las va a ganar Rajoy, y los barones del PSOE no van a aceptar que Sánchez, si queda tercero, sea el vicepresidente de Iglesias. A menos que seis diputados de la CUP rompan la disciplina de voto, Puigdemont convocará nuevas elecciones plebiscitarias en Cataluña en unos meses, aunque me inclino a pensar que Junqueras y ERC no aceptarán en esta ocasión, como sí hicieron en julio de 2015, la imposición de CDC de reeditar la plataforma Junts pel Sí, ni tampoco que se reserve a Mas la presidencia del gobierno de la Generalitat.

Clemente Polo Andrés
Responsable del Área de análisis político y económico de "Espanya i Catalans"