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Movimiento Cívico d'Espanya i Catalans     

GOBIERNO DE COALICION Y SEGUNDA TRANSICION (autor: Clemente Polo)

Artículo publicado en el diario Expansión el 7 de julio de 2016

Sánchez con Iceta en la sede del PSC sin la bandera constitucional española.

Sánchez con Iceta en la sede del PSC sin la bandera constitucional española.

El otrora hegemónico Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), un partido que concurre en Cataluña coaligado con el PSOE en las elecciones generales, ha pasado de ser el partido que arrollaba a sus oponentes a convertirse en la cuarta fuerza política, incluso en la antaño inexpugnable circunscripción de Barcelona. En las elecciones generales de 2008, el PSC-PSOE obtuvo el 45,4% de los votos (1.689.911), 22 escaños al Congreso y 11 senadores, mientras que, en las elecciones del 26-J en 2016, sólo logró el 16,12 % de los votos (558.333), 7 diputados y ningún senador. Una debacle sin precedentes para la socialdemocracia en Cataluña que ha arrastrado al PSOE cuyos resultados el 26-J empeoran los del 20-D, que eran los peores desde 1978. No se puede hacer peor en menos tiempo.

Sánchez en un mitin electoral rodeado del banderolas del PSC y banderas catalanas.

Sánchez en un mitin electoral rodeado del banderolas del PSC y banderas catalanas.

Sin norte

Sánchez e Iceta no sólo no han dimitido después de cosechar dos debacles electorales consecutivas sino que están tan orgullosos de sus ‘principios’ que se niegan a participar en un gobierno de coalición con el PP para afrontar los graves retos políticos y económicos a los que los españoles tenemos que hacer frente en los próximos cuatro años. Una idea de hasta qué punto han perdido el norte los actuales líderes del PSOE-PSC es que están instando a Rajoy a que negocie con CDC la reforma de la Constitución para reconocer la singularidad de Cataluña y mejorar la financiación de los catalanes. Al parecer, al PSOE no le parece un obstáculo insalvable que CDC sellara un acuerdo con ERC en julio para declarar la independencia de Cataluña en 18 meses, ni que el gobierno catalán, que sólo representa y gobierna para menos de la mitad de los catalanes, haya dedicado cientos de millones a promocionar el enfrentamiento con el resto de españoles y a financiar el proceso independentista.

Pacto del Tinell, diciembre 2003. Maragall (PSC), Carod-Rovira (ERC) y Saura (ICV-EUiA).

Los tres mosqueteros firmando el Pacto del Tinell en diciembre 2003: Maragall (PSC), Carod-Rovira (ERC) y Saura (ICV-EUiA).

Poco han aprendido los líderes socialistas de las nefatas consecuencias que ha tenido para el PSC-PSOE su alianza con ERC, ahora convertido en el principal partido secesionista. La decadencia del PSC-PSOE se inicio con la victoria electoral a los puntos de Maragall en noviembre de 2003 y la subsiguiente formación del primer gobierno tripartito (Pacto del Tinell) junto con ERC, un partido secesionista, e ICV-EUiA, dos partidos heredero del PCE en versión catalana (PSUC). Maragall consideró entonces prioritario para su gobierno liderar la elaboración de un nuevo Estatut de corte confederal, algo que nunca se había atrevido Pujol siquiera a plantear, y contó para ello con la connivencia del gobierno de Rodríguez Zapatero, aupado por la fatalidad al gobierno de España el 14-M de 2004. El objetivo de esta estrategia era arrebatar a CiU el liderazgo del nacionalismo catalán pero las consecuencias del inevitable enfrentamiento que propició la tramitación de la Propuesta de Reforma de Estatut de Catalunya entre las Cortes y el Tribunal Constitucional, por una parte, y la Generalitat de Cataluña por otra, produjo una radicalización del PSC y CDC de la que ERC ha sido su gran beneficiario.

Montilla con Pujol y Benach en la manifestación contra organizada por el gobierno catalán contra el Tribunal Constitucional

Montilla con Pujol y Benach en la manifestación impulsada y organizada por el gobierno catalán contra el Tribunal Constitucional en julio de 2010.

Renuncia al principio de igualdad

Chacón, ministra de Defensa, con el presidente Rodríguez Zapatero

Chacón, ministra de Defensa, con el presidente Rodríguez Zapatero

Quienes han sido corresponsables por acción, en unos casos, y omisión, en otros, de algunos de los problemas más graves que tiene planteados España –la amenaza de secesión en Cataluña, la caída del empleo y el aumento del paro entre 2007 y 2011, el desplome en la recaudación impositiva entre 2007 y 2009 y el subsiguiente aumento del déficit y la deuda pública, la crisis financiera de las cajas de ahorro– pretenden ahora lavarse las manos e instan a Rajoy a que ofrezca a los secesionistas reformas constitucionales que reconozcan la singularidad de Cataluña y la bilateralidad de las relaciones entre el Estado y la Generalitat, y una reforma del sistema de financiación autonómica que favorezca a los españoles residentes en Cataluña.

Junqueras y Mas arropando a Puigdemont en la reedición del libro Cata... qué? prologado ahora por Mas.

Junqueras y Mas arropando a Puigdemont en la reedición del libro Cata… qué? prologado ahora por Mas.

Nadie que haya escuchado a Puigdemont, Junqueras y Forcadell en los últimos meses creerá que tales concesiones pueden rebajar la intensidad del desafío secesionista que se impulsa desde el gobierno y el Parlament de Cataluña. De lo que sí podemos estar seguros es que el camino que Sánchez e Iceta han marcado a Rajoy acentuaría la desigualdad entre españoles. Resulta sorprendente escuchar a los líderes de dos partidos pretendidamente socialdemócratas renunciar a plantear sus propias exigencias a Rajoy y sugerirle que se ponga en manos de CDC, un partido cuyo objetivo, en el improbable caso de que se aviniera a negociar con el PP, es obligar al Estado a renunciar al principio de igualdad de los ciudadanos ante la ley y a su derivada económica más importante, a saber, garantizar la igualdad de oportunidades.

Sánchez entrevistándose con Artur Mas, presidente de los independentistas catalanes, en el Palau de la Generalitat.

Sánchez entrevistándose con Artur Mas, presidente de los independentistas catalanes, en el Palau de la Generalitat. Obsérvese la ausencia de la bandera española en el salón donde Mas recibió al aspirante a presidir el gobirno de España.

¿Queremos una segunda transición?

Iceta con Sánchez en la sede del PSC.

Iceta con Sánchez en la sede del PSC.

Sánchez e Iceta  tienen todo el derecho del mundo a plantear a Rajoy reformas constitucionales o de otra naturaleza con el fin de garantizar que “los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de su nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”; y asimismo están en su derecho de apretarle, como seguramente hicieron en el acuerdo que alcanzaron con Rivera, para que todos los españoles “contribuyan al sostenimiento de los gastos públicos dentro de su capacidad económica mediante un sistema justo inspirado en los principios de igualdad y progresividad”. Sólo si Rajoy se negara a alcanzar un compromiso razonable sobre estas cuestiones, Sánchez e Iceta estarían legitimados a no participar en un gobierno de coalición. Hace unos meses, Sánchez iniciaba su camino a La Moncloa con una gran bandera constitucional de telón de fondo que simbolizaba su compromiso con todos los españoles. Pues bien quedó atrás el tiempo de los gestos y llegó la hora de probar la sinceridad de sus convicciones.

Sánchez con la bandera constitucional en el acto de presentación de su candidatura a la presidencia del Gobierno.

Sánchez con la bandera constitucional en el acto de presentación de su candidatura a la presidencia del Gobierno.

Sánchez con Rajoy firmando en La Moncloa el pacto para castigar con cadena perpetua a los terroristas.

Sánchez con Rajoy firmando en La Moncloa el pacto para castigar con cadena perpetua a los terroristas.

A menos que PP y PSOE se pongan de acuerdo en algunas cuestiones esenciales, el gobierno de España no estará en condiciones de abordar los problemas más inmediatos o perentorios –impulsar el crecimiento y crear empleo, reconducir el déficit público y refinanciar la deuda, etc.– ni de alcanzar pactos de estado para mejorar el sistema educativo y garantizar la viabilidad del sistema sanitario y las pensiones. A veces se habla con frivolidad de iniciar la segunda transición cuando en realidad quienes la reclaman no muestran voluntad alguna de pactar siquiera en materias en las que el PSOE habría hecho cosas muy parecidas a las que ya hizo en 2009-2011 y el PP ha hecho desde 2011. Quizá en otras cuestiones haya puntos de vista más contrapuestos, pero justamente por eso resultaría deseable que el PSOE mostrara una actitud más constructiva que la que de momento ofrecen sus líderes.

Sánchez y Rivera firmando el acuerdo de gobierno con el PSOE-PSC en el Congreso.

Sánchez y Rivera firmando el acuerdo de gobierno con el PSOE-PSC en el Congreso.

Sánchez y Rivera saben (o deberían saber) que si el PP no está presente no habrá pactos de estado ni segunda transición. Apostar, como hace el PSOE, por un gobierno liderado por el PP sin mayoría absoluta que estaría a merced de ‘socialdemócratas’ conversos (Desunidos Podemos), secesionistas confesos (CDC, ERC, EH-Bildu) y nacionalistas de viejo pelo (PNV), constituye una irresponsabilidad, impropia de un partido que ha gobernado España durante veintiún años desde 1978, y cuya fortaleza y continuidad resultan fundamentales para nuestra joven democracia. Todos los partidos que desean de veras reformar la Constitución y alcanzar pactos de Estado deberían mostrarse dispuestos a sumarse al gobierno de gran coalición que ofrece Rajoy.

Rajoy y Sánchez saludándose antes de inciar el último debate electoral.

Rajoy y Sánchez saludándose antes de inciar el último debate electoral.

Dejo aquí una sugerencia sobre cómo abordar esta complicada legislatura. Los dos primeros años podrían dedicase a afrontar el reto secesionista, apuntalar la recuperación económica, reducir el déficit y la carga de la deuda, así como a ir preparando las grandes reformas constitucionales y los pactos de Estado (sanidad, educación y pensiones) que se quieran implementar; la segunda parte de la legislatura se dedicaría a aprobar y poner en marcha las reformas acordadas. En fin, una tarea apasionante para todos los que realmente quieren mantener la igualdad de los españoles, reforzar nuestra democracia y fortalecer nuestra economía y estado de bienestar.

Rajoy en la convención del PP en Barcelona el 9 de abril de 2016.

Rajoy en la convención del PP en Barcelona el 9 de abril de 2016.

 
Clemente Polo Andrés
Responsable del Área de análisis político y económico de "Espanya i Catalans"