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Movimiento Cívico d'Espanya i Catalans     

LA BANDA DE LOS TUITEROS (autor: Santiago Trancón)

Twitter y Facebook se han convertido en la Máquina de la Verdad. No hay mejor medio para conocer las ideas (convicciones, creencias, prejuicios) de tus amigos y enemigos. En función de los temas sobre los que te atrevas a opinar, así vas ganando o perdiendo amigos. Un simple comentario puede hacerte cambiar en un segundo la idea que tenías de alguien. O al revés: con un “me gusta” puedes empezar a caer mal a un amigo de toda la vida. Así de frágiles son los afectos, las amistades, los bandos y las bandas.

Hay temas en los que si te pronuncias seguro que provocas automáticamente un corrimiento de tierras, un cambio orográfico de tu perfil. He aquí algunos peligrosísimos: los toros, israelíes y palestinos, Cataluña y los independentistas, Podemos o no Podemos, la memoria histórica... Como todos necesitamos cierta “consistencia cognitiva”, tendemos a agrupar estos temas en un todo, o sea, en una ideología. Y la ideología (derecha/izquierda, sobre todo) se convierte siempre en religión. Al identificarnos con ella ya estamos perdidos, ya no hay modo de evitar la descalificación global y personal del contrario.

Todo esto deberían saberlo los que han utilizado internet para construir su perfil político y social, esos tuiteros supermodernos, ingenieros de Podemos, que han convertido la red y la pantalla en su medio más eficaz de propaganda. En este medio, ser faltón y provocativo se considera un mérito, un atrevimiento. Con esta aureola se han ido subiendo a las hornacinas del nuevo prestigio social de los indignados. Cuando han pasado de la hornacina al pedestal de la política, resulta que ese perfil de gudari alunicero se vuelve contra ellos y he aquí que los vemos apresuradamente borrar tuits y cerrar cuentas como si del disco duro del ordenador de Bárcenas se tratara. No dejar rastro de vidas pasadas... Pertenecen, por lo visto, a una reencarnación anterior.

Pablo Soto, concejal de Madrid, escribió “estoy muy decepcionado porque Rajoy sigue vivo”. Y: “yo no puedo aseguraros que por torturar y matar a Gallardón se vaya a cambiar toda esta historia, pero por probar no perdemos nada”. Y: “yo soy más de kalashnikof”. Cuando estos tuits se hacen públicos, la madre Carmena sale en su defensa con este insólito argumento: “Él está absolutamente arrepentido, ha pedido perdón y va a insistir en pedir perdón y poder explicar y decir a la sociedad española cómo ha evolucionado en su planteamiento político”. Todavía estoy esperando para saber cómo ha evolucionado el “planteamiento” político de este chico, hacia dónde va o viene. Y que me lo diga él, no su tutora.

La sustituta del dimicesado Zapata, Alba López, autodefinida como “feminazi” (esto debe de ser humor negro zapatista) dijo que “Botín no debería haber muerto en la cama, sino colgado”; de los soldados israelíes, “ojalá os despellejen los cojones hasta morir”, y que “en 10 años el machismo ha matado a más personas que ETA en toda su historia y no veo a UPyD ni al PP tirarse de los pelos”.

Rita Maestre, la portavoz madrileña, participó activamente en un acto de irrupción “pacífica” en la capilla de la Complutense en el que se gritó “el Papa no nos deja comernos las almejas” (pues sí que tiene poder), “menos rosarios y más bolas chinas”, “contra el Vaticano poder clitoriano”, “arderéis como en el 36”... De nuevo la matrona, sentenciando como jueza, sale en su defensa, a pesar de estar ya imputada: “No lo creo, por el contexto que tengo (sic), por lo que sé que se dijo en aquel momento y por la forma en que se llevó a cabo, creo que no tuvo esa entidad” (de delito contra las creencias y prácticas religiosas). Recordemos que la Constitución consagra la libertad de religión.

Otro de los nuevos concejales madrileños, Jorge García Castaño, escribió: “Compañeros, creo que ha llegado el día de empalar a Toni Cantó”. El concejal de Podemos de Puerto Real, Juan Antonio Pontones, lamentó de que “ya no exista el Grapo” y se cagó “en la Constitución y la puta Transición”. Todos son “casos aislados”, por supuesto.

El que prometió su cargo con la petulante fórmula de “omnia sunt communia”, trivializó el Holocausto metiéndolo en el cenicero de un 600, ofendió gratuitamente a las víctimas Marta del Castillo, las niñas de Alcàsser e Irene Villa y repitió que “no se sabe para qué Israel necesita tanto espacio si cada persona ocupa un montón de ceniza”. Este talibán, guionista doctorado en humor negro, se arrepintió así: “lamento profundamente que (estos comentarios) puedan herir la sensibilidad de personas y comunidades”, “pido disculpas a los que hayan podido sentirse heridos”. Fíjense en el condicional e hipotético. ¿Se puede arrepentir uno de algo, por “si hubiera ocurrido”? ¿Se acuerdan del perdón y el arrepentimiento de los del PP ante los “supuestos” casos de corrupción de Bárcenas. la Gürtel y la Púnica? ¡La mismita fórmula! La corrupción en palabras del último Rajoy son “las irregularidades de algunos”... La violencia verbal de estos “jóvenes airados” para Carmena no son más que cosas de la edad, errores comprensibles y disculpables. Ahora han cambiado. Al ser elegidos, de repente han mutado y se han convertido, por arte de encantamiento, en “compañeros perfectos”. Lo dice Carmena, que debe de tener poderes mágicos.

Echando mano de latines, citemos aquello “de corde exeunt cogitationes malae”. Nacen del corazón estos malos pensamientos. Hay que empezar reconociéndolo. No hay que tener miedo de los propios sentimientos. Es aquí donde Carmena y estos muchachos actúan como políticos vulgares, marrulleros. Borran y destruyen pruebas con un gesto de indignación, ofendidos porque los poderosos y corruptos se ensañan con ellos. Es otro gesto de cobardía e impostura. En lugar de reconocer que esa violencia verbal nace de legítimos sentimientos de indignación, rabia, injusticia y humillación; en lugar de reconocer que hay una distancia entre la violencia verbal y la real, pero que la una conduce a la otra, y por eso es peligrosa; en lugar de reconocer que la política es precisamente el arte de dominar los sentimientos de rabia e indignación para transformarlos en acción transformadora; en lugar de reconocer que las palabras también ofenden, propagan el odio y la violencia, y si pasan ciertos límites son delito; en lugar de reconocer que los tuites denunciados entran dentro de esta categoría y son, por tanto, inadmisibles; en lugar de rechazar sin titubeos el uso de la violencia verbal y física como instrumento político, echan mano de la teoría de la conspiración y la “descontextualización”; en lugar de explicar que la mayoría (no todos) han llegado a la política cargados de buenos propósitos, pero carentes de un programa concreto, coherente y aplicable; en lugar de reconocer que no han actuado con sinceridad, explicando a los ciudadanos lo que querían hacer porque, o no lo sabían, o no sabían si podrían hacerlo; en lugar de todo esto, en lugar de despojar a la política de la vieja costra del oportunismo, la hipocresía, la impostura y las mentiras, actúan como la más rancia casta política, con circunloquios, ocultamientos y vaguedades. Todo menos aclarar sus ideas y sentimientos, responsabilizarse de ellos y de sus consecuencias.

Carmena, encarnación de nuevo lenguaje, nos explica ahora que ella entendía el programa que la llevó a la alcaldía “como un conjunto de sugerencias pero que no todas se podían entender como presupuestos de implicación programática activa” (¡sic!). También llama a la comida de los niños “aportes alimentarios”... Todo esto después de denunciar a los partidos de la casta porque dicen una cosa en sus programas y luego hacen otra. También disculpó Carmena a su colega Colau interpretando el propósito de no cumplir las “leyes injustas” como una “objeción de conciencia”. De paso, defendió el derecho de autodeterminación, “la necesidad de que haya un cauce legal para expresar ese deseo”, ya que “yo pienso que un país tiene derecho a decidir el marco territorial en el que viven”. Se refiere a los catalanes, no a todos los españoles, y añade: “Pero como les quiero, pues no me gusta que se vayan”. La gran política de los sentimientos... De mis sentimientos, que son puros, no de los tuyos, claro. Esa misma apelación a los sentimientos ha inspirado una de sus últimas ocurrencias: que las madres limpien los colegios de sus hijos, porque “pueden estar muy satisfechas porque están cerca de sus hijos”, ya que “limpias mejor cuando limpias lo que sabes (que es) para algo y puedes tener una actitud pedagógica con los estudiantes”. Debe de ser muy pedagógico para un niño “pobre” ver a su madre limpiando los lavabos, y no a la madre de su compañero “menos pobre”, que trabaja en un oficina... No menos perplejo me quedé cuando dijo “yo no soy Charlie” sin explicar qué quería decir. Por lo visto le parece muy mal que se haga burla de los sentimientos de los musulmanes, al mismo tiempo que disculpa a su discípula asaltando una capilla profiriendo insultos contra creyentes cristianos. Tampoco entiende que el “yo soy Charlie” era una forma de rechazar la violencia y el antisemitismo y defender la libertad de expresión, libertad que sí le sirve, en cambio, para disculpar a su banda de tuiteros.

Estas reflexiones valen también para otros estúpidos a los que Twitter y Facebook saca lo que llevan en su corazón. Jonathan Cabeza, concejal en el Ayuntamiento de Paredes de Nava (Palencia), publicó en su Facebook, refiriéndose a uno de Podemos: “Camina a ver si te dan un tiro en la nuca cacho cabrón y déjanos tranquilos”. Dimitió, eso sí, de inmediato. Quien no ha dimitido ni le han cesado es a Rafael Hernando, bocazas oficial del PP, que dijo “algunos se han acordado de su padre, parece ser, cuando había subvenciones para encontrarle”, ofendiendo a los más de 100.000 “paseados” de la guerra civil y sus familiares, todavía enterrados en las cunetas.

De igual modo deberían hacerse públicos los miles de tuites ofensivos que los independentistas vierten cada día en sus cuentas-cloaca, como éste de uno de los miembros del Consejo para la Transición Nacional, un tal Salvador Cardús, profesor, creo, de la UAB: “cada día sale un tren de Barcelona hacia Madrid con 46 millones de euros. Y no los veremos nunca más. En los vagones van: plazas de guarderías, la ayuda que te corresponde para cuidar personas dependientes, la nueva escuela de tu hijo, la rodilla para tu padre...”.

Santiago Trancón Pérez,
Colaborador Área Análisis Político y Económico