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Movimiento Cívico d'Espanya i Catalans     

DE LA TRAGEDIA CLÁSICA AL MELODRAMA ESPERPÉNTICO (autor: Clemente Polo)

Quizá, lo más preocupante de la interminable crisis griega es el poco edificante e inoperante espectáculo que han ofrecido las negociaciones entre las instituciones acreedoras (FMI, Consejo Europeo, Comisión Europea, Eurogrupo y BCE), por una parte, y el gobierno griego, por otra. Durante los cuatro meses adicionales concedidos a Grecia para renegociar los términos del rescate el pasado febrero, la mayoría de los políticos y comentaristas españoles han dado por sentado que, siguiendo la tradición de la UE, las partes alcanzarían un acuerdo en el último minuto, aunque tampoco han faltado voces en la emergente izquierda antisistema que han sostenido sin rubor que las instituciones acreedoras (IA) están chantajeando a los griegos por haber votado a Syriza. Llama la atención la escasa objetividad con que se han presentado los hechos que han conducido a la actual situación así como las consecuencias que se derivarían para los distintos actores si Grecia abandonara finalmente la Eurozona. Este artículo intenta esclarecer ambas.

Antecedentes

Comencemos con algunos datos que ayudarán al lector a situar el problema en perspectiva. La población de Grecia era 10,9 millones en 2014, cifra muy similar a la de Portugal (10,4 millones), y equivalente al 23,4% de la población de España. Según Eurostat, el PIB de Grecia (base 2010) ascendía a 179.000 millones de euros (ME) en 2014, prácticamente igual al PIB de Portugal (173.000 ME) y al 16,9 % del PIB de España. Ese mismo año, el PIB per cápita de los griegos (corregido por diferencias en el poder de compra) era 16.300€, casi igual también al de los portugueses (16,600€) y sustancialmente inferior al de los españoles (22.600€). Según el FMI, el PIB griego creció entre 1996-2007 a una tasa media del 4,1%, muy por encima del portugués (2,3%) y hasta por encima del español (3,9%). Sin embargo, entre 2006 y 2014, el PIB griego cayó el 23,4% mientras que el portugués se contrajo el 5,0% y el español el 3,6%. Obsérvese que si bien el PIB de Grecia ha caído mucho más que el portugués en los últimos ocho años, el PIB per cápita de griegos y portugueses es hoy prácticamente idéntico, no existiendo razón alguna para que nos preocupe más el bienestar de los griegos que el de los portugueses.

La cuestión de por qué ha caído tanto el PIB griego durante la Gran Recesión es relativamente sencilla de contestar. El crecimiento de la demanda agregada en los años de expansión (1996-2007) se alimentó mediante el endeudamiento privado y público orientado a financiar niveles de consumo privado y público insostenibles. En este sentido, resulta instructivo constatar el escaso esfuerzo inversor de Grecia, 10,6% del PIB en 2014, en comparación con las cifras de Portugal (14,8%) y España (19,5%), y el elevado porcentaje de deuda pública neta sobre el PIB de Grecia, 169,9%, frente a los valores de Portugal (120,1) y España (64,8%). Otra importante diferencia es que Grecia destinó el 32,1% del PIB a gasto social en 2012 (último año disponible) mientras que Portugal dedicó el 26,9% y España el 25,9%. En particular, mientras Grecia destinó el 17,5% del PIB a pensiones, Portugal dedicó el 14,8% y España el 12,1%. A la vista de esta batería de datos, resulta imposible concluir que los ciudadanos y pensionistas griegos están peor tratados que los portugueses, y, sin embargo, los medios de comunicación nos describen la situación de los primeros en términos casi apocalípticos mientras guardan un silencio inexplicable sobre cómo se las arreglan los portugueses para salir adelante.

El mito de la mano dura

A quienes afirman en España que Grecia ha sido maltratada por la troika y las IA hay que contestarles con continencia evangélica que no saben lo que dicen. Sólo al demagogo secretario general de Podemos, se le puede ocurrir calificar lo sucedido estos días como “operación mafiosa de terrorismo financiero”. Contrariamente a lo que da a entender esa expresión, han sido los gobernantes griegos quienes han abusado por activa y por pasiva del lógico temor a las consecuencias que tendría la salida de Grecia de la Eurozona para conseguir que las instituciones desembolsaran 230.000 millones de euros a fin de evitar la bancarrota del gobierno griego y el derrumbe de su sistema financiero. Grecia lleva varios años financiándose a costa de sus pérfidos acreedores como demuestra que, pese a tener una deuda pública muy superior a la de Portugal o España en términos del PIB, sólo dedica el 2,3% del PIB al pago de intereses mientras que Portugal destina el 4,8% y España el 3,3%. Como el presidente Rajoy explicaba hace unos días, las IA han prestado a Grecia sumas ingentes en condiciones envidiables, y hasta España, que se las han visto y deseado para financiarse en los mercados entre 2009 y 2012, ha aportado su granito de arena (26.000 millones).

Poner fin al esperpéntico melodrama

Tsipras y Varufakis se han dedicado durante este semestre a marcar líneas rojas en su intento de hacer creer a los griegos que la culpa de sus males la tienen quienes (el resto de Estados miembros de la UEM) más les han ayudado a mantener su insostenible nivel de gasto público, y quienes (BCE) han evitado el colapso de su sistema financiero. Sobre lo que no cabe ninguna duda, sin embargo, es que la llegada de Syriza al gobierno griego el pasado diciembre y sus exigencias de ampliar el plazo del rescate hasta junio sólo han servido para que se desvaneciera la perspectiva de alcanzar un crecimiento aceptable de la economía griega en 2015 y para alimentar salidas importantes de capitales que han puesto contra las cuerdas a los bancos griegos. Tsipras y Varufakis, no las IA, son los únicos responsables del azaroso rumbo impuesto a las cóncavas naves negras. Por otra parte, Grecia no puede seguir monopolizando las reuniones del Eurogrupo y hasta del Consejo de la UE, absorbiendo tiempo y recursos necesarios para resolver otros asuntos urgentes. Como tampoco pueden el resto de países de la Eurozona hacer más concesiones a menos que exista un compromiso firme de ajustar el nivel de gasto público a los ingresos, porque también hay parados, pensiones bajas y necesidades urgentes que atender en Portugal y en otros países que, como España, se han convertido muy a su pesar en acreedores.

La decisión de realizar un referéndum el 5 de julio para que los griegos decidan si aceptan las condiciones exigidas por las IA, calificadas por el propio Tsipras como el ‘ultimátum de la extorsión”, ha sido la gota que colmó el vaso e hizo saltar por los aires las últimas esperanzas de alcanzar un acuerdo razonable. La prioridad ahora para el BCE es evitar que las turbulencias que va a provocar la salida de Grecia pongan en peligro la recuperación europea, especialmente en los países que registraron serias dificultades para financiarse entre 2009 y 2012. Pero sin duda, los grandes perjudicados van a ser los propios griegos expuestos a una transición monetaria y económica muy dolorosa, como prueba el cierre de los bancos y la bolsa decretado ya por Tsipras para evitar la quiebra del sistema financiero. Quizá a los españoles nos sirva el experimento griego para hacernos una idea de lo que puede ocurrir en España si Podemos llegase al gobierno el próximo otoño.

Clemente Polo Andrés
Responsable del Área de análisis político y económico de "Espanya i Catalans"

(artículo publicado en Expansión ayer 30 de junio de 2015)