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Movimiento Cívico d'Espanya i Catalans     

GRECIA, O LA INDIGNIDAD DE SER DIGNO A COSTA DE LOS DEMÁS. (autor: Clemente Polo)

Una de las falacias más graves que se ha trasladado a los ciudadanos europeos estas semanas ha sido la noción de que los griegos están sometidos a la tiranía de los acreedores y los mercados y que los miembros de la Eurozona y el BCE están obligados moralmente a acudir en su ayuda y poner sobre la mesa otros 50.000 millones (la cifra la ha puesto el FMI) que, sumados a los 230.000 millones ya desembolsados en los dos rescates anteriores, dejarían el coste de que Grecia permanezca en la UEM en 280.000 millones, 1,56 veces el PIB griego. A difundir esta falacia han contribuido, como es lógico, los partidos y los medios de comunicación ‘progresistas’ alineados con el presidente griego Tsipras y su partido Syriza, para quienes las instituciones acreedoras son extorsionadores implacables dispuestos a comer cada día higadillo griego, pero también comentaristas políticos, economistas reputados y hasta simples ciudadanos conmovidos por las dificultades económicas de los griegos. Que esos supuestos ‘chantajistas’ del pueblo griego seamos simples ciudadanos europeos, muchos de los cuáles estamos también sufriendo los efectos de la Gran Receión y la austeridad, es para ellos un detalle sin importancia.

Significados del NO

Para los líderes de Podemos, “el problema no era de los griegos, sino de los europeos” (Errejón) y el ‘NO’ en el referéndum griego a los términos del rescate propuesto por el Eurogrupo significa que “hoy en Grecia ha ganado la democracia” frente a las políticas de recortes sociales y austeridad (Iglesias). No muy distinta es la posición del Nobel Krugman para quien “Europa, y el concepto de Europa, han conseguido una gran victoria y han esquivado una bala” gracias a que “Grecia se ha levantado ante una campaña de acoso e intimidación”. No importa estar en desacuerdo con Syriza o reconocer que no saben lo que hacen, porque lo relevante para Krugman es que el referéndum ha servido para demostrar que “la democracia importa más que cualquier acuerdo monetario”.

¿Qué ha significado el ‘NO’ para las instituciones europeas y para los presidentes de Alemania y Francia? Schultz, presidente del Parlamento Europeo, afirmó el mismo día en que Grecia votaba que “si ganaba el ‘No’, Grecia tendría que introducir su propia moneda porque el euro no estaría disponible como medio de pago”. Schultz se equivocó al creer que los griegos, ante la perspectiva de una salida inminente del euro, votarían a favor de las reformas y ahora las instituciones europeas tienen que decidir si dejan que Grecia salga de euro, como auguraba Schultz, o si retoman por enésima vez las negociaciones. Bastaría, en efecto, con que el BCE dejara de suministrar liquidez a los bancos griegos para que el gobierno heleno se viera forzado a introducir su propia moneda esta misma semana. Todo apunta, sin embargo, a que continuarán las negociaciones durante algún tiempo que se prevé breve pero nadie se atreve a acotar.

Desde que Juncker advirtió hace unos días que “si los griegos votaban ‘NO’, la posición griega quedaría dramáticamente debilitada”, el presidente de la Comisión Europea no ha vuelto a dar señales de vida. Gabriel, vicecanciller socialdemócrata y ministro de Economía del gobierno alemán, ha sido una de las pocas voces que se ha pronunciado con claridad después del referéndum que “ha roto los últimos puentes por los que Europa y Grecia podrían haberse aproximado para sellar un compromiso”. Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, se ha limitado a emitir un comunicado en el que lamenta el resultado del referéndum y queda a la espera de las iniciativas del gobierno griego. Draghi ha mantenido la línea de emergencia para suministrar liquidez a los bancos griegos pero nada ha trascendido de la videoconferencia que ha mantenido, con Tusk, presidente del Consejo, Juncker y Diejsselbloem. Merkel y Hollande, además de los comunicados que emitieron tras conocer el resultado del referéndum, han pedido al gobierno griego al término de su reunión en París que concrete sus propuestas sin demora.

¿Qué Europa queremos?

Demasiados directores con visiones distintas para que la orquesta suene afinada. Si algo ha quedado claro durante los últimos años, y especialmente durante las negociaciones para extender el rescate a Grecia tras la victoria electoral de Syriza, es que ni la UE ni la UEM cuentan con las instituciones apropiadas hacer frente a los problemas que se presentan ni sus líderes tienen la legitimidad suficiente para adoptar decisiones con la agilidad y contundencia requerida. La realidad ha sobrepasado una y otra vez a unas instituciones cuyos tiempos de reacción se miden en meses y hasta años, en lugar de días o semanas, y donde nadie sabe quién es responsable de los errores, ya sean por acción u omisión, cometidos.

Es cierto que se han realizado algunos progresos en los últimos años y bienvenidas sean la mayor implicación del BCE en la supervisión de los sistemas bancarios en la Eurozona y la puesta en marcha del programa de adquisición de títulos de deuda soberana en los mercados secundarios, dos medidas que, de haberse puesto en marcha cuando se precisaban, habrían adelantado la recuperación de la economía europea unos cuantos años. Pero sigue sin abordarse la reforma de las instituciones europeas que además de muy costosas e ineficientes, carecen de respaldo democrático. Si no se coge el toro por los cuernos, la UEM seguirá funcionando a trancas y barrancas, causando sufrimientos innecesarios a millones de europeos.

El caso de Grecia constituye un ejemplo paradigmático del mal funcionamiento de las instituciones europeas. Aunque el gobierno griego ha alargado las negociaciones hasta agotar todos los plazos y ha convocado un referéndum desleal en el último minuto para reforzar su posición negociadora –Tsipras, ha dejado clara su intención de mantener a Grecia en el euro y ha pedido ya reabrir el proceso negociado sin Varufakis–, los representantes de las instituciones europeas siguen tomando notas y programando más reuniones para estudiar las propuestas del gobierno que pidió a los griegos que rechazaran la última oferta del Eurogrupo. Aunque exista pavor a reconocerlo, la disyuntiva a la que hoy se enfrentan los líderes de la UEM es bastante nítida: o bien aceptan el órdago del gobierno de Tsipras, exponiéndose a que cualquier otro estado de la Eurozona convoque un referéndum para lograr ventajas para sus ciudadanos en el futuro, o bien exigen a Grecia que acepte la oferta del Eurogrupo o se prepare para abandonar el euro.

Quienes consideramos que sería un nefasto precedente que la UEM funcionara a golpe de referéndum, y adaptara sus reglas para satisfacer las exigencias ‘democráticas’ de una minoría, sentimos vergüenza por la actitud timorata del Eurogrupo y la Comisión ante el continuado chantaje del gobierno de Tsipras. Los medios de todo el mundo han recogido las palabras de Efthimiadis, profesor de 47 años que reclamó para los griegos “vivir justa y libremente dentro de Europa”. ¿Acaso el resto de europeos no compartimos su anhelo? Claro que sí. La dignidad de los griegos merece todo nuestro respeto, aunque no más que la de los portugueses, alemanes o italianos. Y recurrir a un referéndum como ha hecho el gobierno griego para extraer ventajas a costa de los demás no es una victoria de la democracia sino un chantaje inaceptable al resto de europeos.

Clemente Polo Andrés Responsable del Área de análisis político y económico de "Espanya i Catalans"
(artículo publicado en Expansión el 8 de julio de 2015)