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Movimiento Cívico d'Espanya i Catalans     

FINAL DEL MELODRAMA GRIEGO (autor: Clemente Polo)

Terminó la última reunión del Consejo de la UE en la madrugada del 12 de julio pocos minutos antes de que abrieran los mercados financieros y se extendiera la incertidumbre como un reguero de pólvora. Los principales actores Merkel y Tsipras, y los portavoces del Consejo y la Comisión, confirmaron que se había alcanzado un acuerdo después de varias semanas de declaraciones contradictorias que culminaron con la celebración del referéndum del 5 de julio, El propio gobierno de Tsipras pidió a sus ciudadanos que rechazaran la última oferta presentada por el Eurogrupo, el BCE y el FMI, y Schulz, presidente del Parlamento Europeo, dictaminó que se habían roto todos los puentes para alcanzar un acuerdo satisfactorio. Entonces, ¿por qué Merkel no ha obligado sin más a Grecia a salir de la Eurozona?

No acaban aquí las paradojas. Tras rechazar los ciudadanos griegos por amplia mayoría las propuestas del Eurogrupo, lo lógico era que Tsipras hubiera rechazado la oferta que tenía sobre la mesa y exigido reabrir la negociación para obtener mayores concesiones y la redención de una parte de la deuda. Lo sorprendente fue que Tsipras hizo todo lo contrario a lo que cabía esperar tras ganar el referéndum. Se deshizo de su ministro Varoufakis, que era quien había llevado el peso de las negociaciones hasta ese momento, y tras presentarse en el Eurogrupo y el Consejo Europeo del 7 de julio con la manos vacías, acabó aceptando sólo cinco días más tarde unas condiciones que la mayoría de analistas consideran más exigentes y humillantes que las rechazadas. Algo no cuadra en esta historia absurda. ¿Acaso convocó el presidente griego un referéndum para rechazar unas condiciones y aceptar otras más onerosas tanto desde el punto de vista político como económico? Y, ¿por qué la mayoría de ciudadanos que votaron ‘No’ en el referéndum no han exigido la dimisión del traidor Tsipras?

Las razones del ‘villano’

Merkel ha sido quizá la más honrada de todos los líderes europeos al manifestar sin ningún entusiasmo al final del Consejo Europeo que “las ventajas [del acuerdo] superan claramente las desventajas”. Aunque he escuchado y leído en algunos medios de comunicación ‘progresistas’ que las condiciones impuestas constituyen una humillación para los griegos, lo cierto es que la decisión de Merkel resulta incomprensible si tenemos en cuenta que serán los alemanes quienes tendrán que desembolsar la mayor parte de los 86.000 millones del nuevo rescate acordado. Desde luego, el acuerdo alcanzado no le va a reportar a Merkel ni popularidad ni beneficios electorales a corto plazo. Muy al contrario de lo que se afirma en los mentideros ‘progresistas’ españoles, en la decisión de no obligar a Grecia a abandonar la Eurozona han primado consideraciones bien distintas a los meros intereses políticos y económicos de Merkel y Alemania.

En primer lugar, están las reiteradas llamadas de Obama instando a Merkel y Tsipras a encontrar una “solución constructiva” para evitar que Grecia quede bajo la influencia de la Rusia, o incluso China. Todo el mundo sabe que la salida de Grecia de la eurozona habría significado la quiebra de la economía griega, y Putin y Xi Jinping son los únicos líderes internacionales que podrían haberle tendido la mano para paliar el subsiguiente desastre humanitario. Aunque Grecia sea para Estados Unidos un mero peón en la partida global que juega contra Rusia y China, resulta evidente que Obama no está dispuesto a perder ninguna pieza del tablero, sobre todo si como es el caso la factura la pagan otros. Como se ha podido constatar al destaparse el escándalo de escuchas a líderes europeos por los servicios de espionaje estadounidenses, y más tarde a cuenta de la crisis ucraniana y la imposición de sanciones a Rusia, la política de la UE responde más a los intereses de Washington que de Bruselas.

En segundo lugar, Merkel ha querido evitar a toda costa que Alemania pase a la historia como la causante del colapso de la economía griega que habría sumido a buena parte de los griegos en la  miseria durante un par de décadas. Sin la ayuda del BCE, la quiebra de los bancos griegos habría paralizado la economía productiva y elevado las tasas de paro (ya las más altas de la Eurozona) hasta cotas nunca vistas. En ese escenario, el hundimiento de la recaudación habría obligado al gobierno griego a despedir a sus empleados, y a recortar servicios y pensiones, o a financiar el gasto monetizando el déficit. Grecia no habría regresado a la edad de piedra pero habrían tenido que pasar muchos años hasta que la economía (monetaria) volviera a funcionar con cierta normalidad y los griegos recuperaran la confianza en sus entidades financieras. Merkel no ha querido, repito, que Alemania fuera considerada la principal responsable de semejante desaguisado.

Comprendiendo al ‘héroe’ caído

¿Qué pretendía Tsipras apurando la partida? Tal vez estaba convencido de que su retórica y sus increíbles amenazas –incluido el absurdo referéndum– podían reportarle algunas ventajas en la mesa de negociación, sin darse cuenta de que sus gestos difícilmente podían impresionar a nadie cuando la economía griega dependía de la voluntad del BCE de mantener la sangre fluyendo a 60 euros por persona y día. Tal vez sólo buscaba con esta arriesgada estrategia salvar su honor y aparecer ante los griegos como el ‘héroe’ que no se doblegó ante la pérfida Alemania hasta que el Eurogrupo amenazó con retirarle la respiración asistida. Quizá, pero calibró muy mal sus fuerzas y al final ha quedado ante los griegos y el resto de europeos como un gobernante iluso que arrastra a su pueblo con engaños al borde del abismo pero no se atreve a pedirle que se inmole dando el último paso.

Tsipras, guiado por Varoufakis, ha perdido seis preciosos meses resistiéndose a negociar las condiciones del tercer rescate cuando cualquier economista razonable sabía que una economía tan endeudada como la griega carece de margen de maniobra, a menos que cuente con una moneda propia para poder seguir funcionando en caso de repudiar la deuda. Durante estos meses de desgobierno, el gobierno griego ha logrado un record difícil de igualar trocando la incipiente recuperación de la economía en una nueva recesión, espantando a la inversión extranjera y provocando salidas masivas de capitales (8.100 millones en junio), y poniendo a prueba la paciencia de sus acreedores con desplantes absurdos y acusaciones falsas. Hasta el turismo se ha resentido.

Conclusión

La conclusión positiva de este melodrama esperpéntico es que todos los gobiernos de los países de la Eurozona tendrán claras dos cosas a partir de ahora. Primera, que resulta imposible salir del euro sin provocar el colapso de la propia economía. Segunda, que la solidaridad tiene límites y cada Estado tiene que responsabilizarse de pagar los servicios públicos y las pensiones de sus ciudadanos, no pretender que sean otros quienes lo hagan. Por ello, hay que agradecer a Alemania, el verdadero Hércules de esta increíble historia de solidaridad europea –365.000 millones en tres rescates desde 2010 no está nada mal–, que haya exigido al gobierno griego realizar reformas sin más dilaciones y proporcionar ciertas garantías. La Comisión ya ha propuesto a la UE conceder un crédito puente de 7.000 con cargo al Mecanismo Europeo de Estabilidad Financiera y el BCE ha indicado su disposición a elevar la financiación de emergencia a los bancos griegos para restablecer la normalidad, algo que no será sencillo. El Parlamento griego con 229 votos a favor y 64 en contra ha entendido perfectamente que el rescate es la alternativa menos mala para los griegos y ahora corresponde al gobierno de Tsipras la difícil tarea de convencer a los ciudadanos a los que pidió que votaran ‘No’ en el referéndum.

Clemente Polo Andrés Responsable del Área de análisis político y económico de "Espanya i Catalans"
(artículo publicado en Expansión el 18 de julio de 2015)