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Movimiento Cívico d'Espanya i Catalans     

LA ENCRUCIJADA (autor: Javier Megino)

Es evidente que estamos en un momento absolutamente crucial y posiblemente histórico.

Eso sí, mientras para algunos ver salir el sol por la mañana y ocultarse por la noche lo es todo, para otros, más inquietos, no hay conformidad con ese devenir monótono y damos algo más de sentido a esa racionalidad que nos diferencia de los animales.

No cabe duda que, en el tema que nos preocupa fundamentalmente en nuestra asociación, los que formamos parte de ella somos de ese lote de intrépidos que analizan y buscan convincentes conclusiones. Voy a aportar mi granito de arena al respecto.

Problema diagnosticado

Ansiando la verdadera razón del desaguisado que como catalán me toca vivir con este empache de separatismo que lo decora y ambienta todo, acepto que pueden ser muchos los factores que han colaborado en alcanzar este clímax del “lado oscuro” (mi forma de identificar a los padrinos y patrocinadores del separatismo), y que han sido muchos los que a título personal, o como partidos políticos, han metido cizaña en el tema pero, sin duda, es difícilmente cuestionable que la gota que colmó el vaso fue la increíble y paradójica visita de aquel inigualable presidente del Gobierno al Parlamento de nuestra comunidad autónoma, dando solvencia a las decisiones que se adoptasen en dicha institución, sin interponer condicionantes que pusieran los puntos sobre las íes en temas afectos a la unidad y la soberanía nacional. Ese señor es, para mí, el origen del caos al dar alas a los frenéticos separatistas, siendo capaz de poner en marcha la “exitosa” (por decir algo) Alianza de Civilizaciones mientras, domésticamente, era el detonante de la infidelidad y desunión entre españoles.

Lección no aprendida

Pasada esa etapa oscura de la historia de España con un presidente que, con margen, se apropió del farolillo rojo de la capacitación y credibilidad, su partido, que ahora pretende en muchas ocasiones aparentar que no existió, sigue cometiendo errores de bulto con demasiada frecuencia.

Era previsible y deseable que, depurado el partido con el abandono de los estiletes que abanderaban el nacionalismo, las aguas volvieran a un cauce con cierta lógica pero, una vez más, el ansia de poder y el frentismo guerracivilista siguen siendo dogma de fe, tal y como vimos en las recientes autonómicas y municipales.

Sin pudor alguno, a pesar de lo manifestado por sus dirigentes antes de dichos comicios, tras el recuento de votos siempre era conveniente y justificable el arrimarse a los que pueden acabar fagocitándoles, tan solo por seguir existiendo y/o tener bastones de mando en consistorios o autonomías.

No son pocos los casos en lo que, estos adalides de la cordura, se han puesto al servicio de los radicales separatistas para consolidar consistorios que chocan radicalmente con la realidad social de su vecindario. Casos como Badalona o Castelldefels son especialmente significativos. En ellos, con los imprevisibles socialistas por medio, se ha dado el poder a los que cuestionan la legalidad y defienden justo lo contrario de lo que, desde Ferraz, postulan (o, al menos intentan aparentar).

Yo ni me fío de los socialistas de Ferraz ni, desde luego, confío en lo que se decide en el ensanche de Barcelona, porque si hay algún enemigo que puede hacer daño y que puede torcer la balanza es aquel que, en alguna ocasión, se ha pensado que era de los tuyos.

Y lo digo dolorido, porque me consta que aún existen integrantes de ese socialismo catalán que son convencidos constitucionalistas, defensores de la nación (la de verdad) y, con o sin el circo del federalismo como estandarte, confían y luchan por posturas alineadas con nuestro ideario. Esperemos que algún día ese colectivo interno asuma el poder en el partido y lo defina con nitidez como una apuesta solvente, algo que, hoy por hoy, mayoritariamente no queda nada claro.

Salir del paso

En las próximas autonómicas, plebiscitarias según dicen, hay que dar utilidad al voto defensor de España aunque, quizás, fuese deseable una alternativa, plebiscitariamente hablando para hacerle el juego a los convocantes, que diese argumentos contundentes, sin complejos y con marcado perfil patriótico españolista, que atrajese u ofertase una posibilidad para, sin dañar a los partidos fieles a la Ley, arañase votos de los tradicionalmente abstencionistas del arco metropolitano de la Ciudad Condal que, o no sienten atracción por votar en autonómicas, o no se ven representados por ninguna de las formaciones que previsiblemente tendrán representación y esperamos sean fiables en la defensa de lo que nos preocupa en nuestra asociación.

El 27S hemos de animar a votar a cualquiera de los que representan la defensa de la nación española y que lo hacen con claridad en sus mensajes. En base a esa premisa, sería conveniente que, teniendo frescos los recientes acontecimientos vividos de apoyo al separatismo en las poblaciones mencionadas, como ejemplos, carezca de sentido seguir dudando y valorando como opción partidos en los que la falta de posicionamiento, muchas veces en detrimento de sus propias bases, les convierte en alternativas sin solvencia en unos comicios en los que el enfoque no está en las políticas, sino que se atrinchera en un plebiscito que nos aboca a una irremediable fractura social.

Ojalá ese ilustre dirigente de la nación, bien pensionado y orgulloso de su tarea, viviendo en el lujo acomodaticio, mientras los que combatimos sus errores aún tenemos mucho que hacer para enmendar y compensar sus evidentes limitaciones, se hubiera dedicado a ver salir el sol por la mañana y ocultarse por la noche.

Javier Megino
Secretario General de Espanya i Catalans